Mujer madre embarazo

A la futura mamá (que también es hija):

Como cada año, el primer domingo de mayo fue el día de la madre. Más allá de celebrar festividades, y de que el día de la madre se convierta en un día puramente comercial, que invita al consumo, para homenajear a las madres, lo cierto es que ellas se merecen una distinción especial por ser el 50% de la difícil misión de criar y educar a sus hij@s junto con los papás. En el caso de madres solteras, esta difícil misión es al 100% solitaria.

Como hija, mi madre ha sido y es mi gran heroína en la vida. La persona que más y mejor amor me dio en todas sus posibles manifestaciones. Literalmente me enseñó a levantarme si me caía. Y me caía bastante, “Si no puedes correr, anda, si no puedes andar gatea, si no puedes gatear, utiliza los brazos, si los brazos te fallan, pide ayuda, pero siempre habrá algo que puedas hacer, no te refugies en el no puedo”. Esas palabras de mi madre, las tengo grabadas a fuego porque me hicieron crecer fuerte y afrontar la vida con otros ojos.

Honoré de Balzac  dijo “Jamás en la vida encontraréis ternura mejor y más desinteresada que la de vuestra madre.” Y no puedo estar más de acuerdo. Mi madre ha sido toda ternura conmigo, y solo puedo agradecerle cuánto ha hecho por mí.

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Agradecer su peregrinación a médicos para conseguir que yo pudiera caminar sin problemas. Agradecer su desvelo y cuidado cada vez que estuve enferma. Agradecer que cada noche me contara historias y cuentos para dormir. Agradecer las tartas de galletas y chocolate cuando era mi cumpleaños. Agradecer su tranquilidad y explicación el día que tuve mi primera menstruación. Agradecer aquellos bocadillos de “nocilla”  para merendar cuando los pedía.  Agradecer ese vaso de “cola-cao” cuando me quedaba estudiando por la noche para selectividad y en los exámenes de universidad. Agradecer su confianza porque nunca me puso hora para llegar a casa. Agradecer que me enseñara el valor de las cosas y no el precio. Agradecer su aplauso en mis esfuerzos sin mirar los resultados. Agradecer su comprensión ante mis errores. Agradecer su ayuda incondicional. Agradecer que me inculcará el respeto como principio fundamental. Agradecer su abrazo y consuelo cuando me han hecho daño. Agradecer su sonrisa cada vez que me ve. Agradecer su empeño en convertirme en una mujer fuerte. Agradecer su interés en recordarme mi valor como persona, las veces que lo olvidé. Agradecer que siempre me recuerda que merezco cosas buenas y ser feliz. Agradecer tanto amor recibido y demostrado.

Y podría seguir agradeciéndole miles de enseñanzas, y seguiría quedándome corta. Creo que no encontraré palabras suficientes para agradecerle tanto. Evidentemente hablo desde una experiencia personal sumamente positiva, porque visto desde mis ojos tengo a la mejor madre.

Y me pregunto ¿cómo devolver tanto amor, tanta dedicación? Porque aunque  les demos las felicidades, les regalemos mil ramos de rosas, les digamos “te quiero mamá”, pasemos tiempo con ellas, no conseguiremos estar a su altura. Y por mucho que se equivoquen a veces, la intención de una madre siempre es buena, a su manera, nos protegen.

Mujer madre e hija mayor

El momento de devolver ese amor y dedicación debería ser siempre, pero sobre todo cuando una madre te necesita. Cuando la ves indefensa, débil. Cuando se siente sola. Cuando necesita que tú como hij@ la cuides, la abraces, y le dediques tu tiempo a recordarle quien fue, la increíble mujer que te educó y te lo dio todo. Es en este momento cuando podemos demostrar a una madre nuestro agradecimiento y devolverle cariño en forma de sonrisas, besos, paseos, caricias, cepillándole el cabello, ayudándole a asearse, dándole de comer, contándole tú las historias …, en definitiva, estar a su lado y ser su apoyo cuando ella ya no se vale por si misma.  Aquí es cuando tenemos que dar la talla como hij@s. Por eso, es bueno recordar todo esto como mujeres que somos, hijas, y posiblemente futuras madres.

Y no tod@s corremos la suerte de tener una relación sana y armónica con nuestras madres/padres. Es triste ver a madres e hij@s que no se sienten queridos, que no se hablan, que no se apoyan, que no están unidos y que se destierran al olvido. No es lo normal, pero esto también ocurre. A veces la razón ni la recuerdan, simplemente no han sabido cómo hacer para salvar una relación que es instinto puro. A veces el nudo entre amb@s es tan fuerte, que impide toda conexión. Nudos que se hacen cada vez más grandes, y ya todo rebota y nada fluye. Y cada nudo sin resolver, es tiempo que jamás recuperarás para conectar con la persona que te dio la vida. Y hay veces, que estas relaciones son insalvables porque hay tanta distancia en los corazones, tanta distancia en lo que un día les unió, que los caminos no pueden confluir y van por separado.

¿Cómo salvar esta distancia? La respuesta está dentro de ti como hija o como madre. Es una decisión tuya, en querer o no, salvar la distancia. En conformarte con un hilo de conexión que te permita estar en paz contigo mism@. Para salvar relaciones hay que aceptar a esa madre-hij@ que tenemos, intentar pensar sanamente y de forma positiva sobre las cosas que nos pasan, hablar y comunicarse cuando nos hacen algo que no nos gusta o nos duele, perdonar, pero también pedir perdón y demostrar que reconocemos nuestro fallo, valorar más lo que tenemos, respetar las decisiones de los demás, no proteger en exceso, dar libertad para cometer errores, dejar ser y estar, pero sobre todo, hay que demostrar amor y tener la actitud de entendimiento. Esto sería lo ideal, entre madres e hij@s y en cualquier relación interpersonal, pero tristemente no todas las relaciones madres-hij@s pueden salvarse, a veces hay dolor que no se perdona, dolor que no se olvida, y dolor que guía hacia otro lado. Aceptar que este dolor no te permite retomar contacto ni lazo afectivo con tu madre-hij@ también es el primer paso para que salves la relación que tienes contigo mism@ y establezcas otras conexiones sentimentales que si te ofrezcan la garantía de sentirte querid@ y querer del modo que has necesitado.

Dicen que ser madre es una experiencia indescriptible, que lo das todo por tu hij@. Así, a la futura mamá que también es hija, dale todo, pero dale bien, dale con amor, con respeto, con ilusión, con confianza, con comprensión, con autonomía, con fuerza,  y con la libertad de dejar ser, y como hija agradece e intenta devolver lo mismo.

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